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Boletín de noticias SENSAR – septiembre 2026

Como todos los meses, te ofrecemos una selección de noticias y eventos de interés del pasado verano.

Seguridad del paciente en el perioperatorio: novedades del NHS y de JAMA Network

Actualización para profesionales de anestesiología con foco en seguridad del paciente — septiembre de 2026

1. Actualización de la Estrategia de Seguridad del Paciente del NHS (julio de 2026)

En julio de 2026, NHS England publicó su última actualización sobre el progreso de la Estrategia Nacional de Seguridad del Paciente. Para la comunidad anestesiológica, tres bloques merecen especial atención: la identificación temprana del deterioro clínico, la seguridad de los medicamentos y la transformación de los sistemas de aprendizaje tras incidentes.

El eje central sigue siendo Martha’s Rule, implementada desde mayo de 2024 y ya operativa en todos los Acute trusts (organizaciones que gestionan los hospitales) de Inglaterra para servicios de hospitalización adulta y pediátrica, con pilotos en marcha para maternidad, neonatología, urgencias, salud mental y atención comunitaria. El mecanismo —que permite a pacientes, familiares y personal solicitar una revisión clínica urgente cuando perciben que el deterioro no está siendo atendido— apoyó más de 1.000 intervenciones tempranas en su primer año, con alrededor de 400 traslados a niveles superiores de cuidado. Para quienes trabajan en equipos de respuesta rápida o cuidados críticos, esto valida el “escalado guiado por la preocupación subjetiva” como complemento —no sustituto— de las escalas fisiológicas.

En paralelo se han desplegado nuevas herramientas de alerta temprana: un sistema específico para el deterioro pediátrico (desde noviembre de 2023) y, en el ámbito perinatal, NEWTT2 —ya en uso en más de 90 trusts— y MEWS, adoptado en más de 65. Estos sistemas replican, en poblaciones vulnerables, la lógica de los NEWS que muchos servicios de anestesia y reanimación ya emplean en la vigilancia postoperatoria.

En seguridad de medicamentos, los datos son especialmente relevantes para la práctica anestésica: se estima que las iniciativas de seguridad farmacológica han evitado 1.900 muertes y generado un ahorro de 9 millones de libras en costes de ingreso, con reducciones documentadas en hemorragias digestivas, sobredosis de metotrexato, dependencia de opioides y lesión renal aguda inducida por fármacos. El programa de reducción del uso a largo plazo de opioides, en marcha desde 2021, ha logrado que 160.000 personas menos reciban prescripción prolongada respecto a la tendencia previa, lo que se traduce en 16.000 daños evitados y 2.597 vidas salvadas, manteniendo esas tasas tras el cierre formal del programa. El programa nacional para mejorar la seguridad del uso de ácido valproico y reducir los daños asociados especialmente durante el embarazo, muestra resultados igualmente notables: los embarazos expuestos cayeron de 67 a solo 2 en el semestre comparable (2018 frente a 2025), con una reducción del 77 % en nuevas prescripciones en mujeres de 16 a 44 años.

En el plano estructural, el Patient Safety Incident Response Framework (PSIRF) —implantado en toda la atención secundaria desde 2024 y en pilotaje en más de 200 consultas de primaria— consolida un enfoque de aprendizaje sistémico, relevante para las revisiones de morbimortalidad en anestesiología. A esto se suma Learn from Patient Safety Events (LFPSE), que registra más de 3 millones de eventos anuales e incorporará IA para mejorar la calidad de los datos. Las Alertas Nacionales de Seguridad del Paciente, por su parte, se calcula que salvan un estimado de 160 vidas y evitan 480 daños graves anualmente.

En conjunto, la actualización refleja una estrategia madura que combina vigilancia clínica activa, gobernanza del error y participación del paciente, con cifras de impacto que refuerzan el caso de inversión en seguridad como prioridad clínica y económica.

Resultados clave de la Estrategia de Seguridad del Paciente del NHS, julio 2026

2. JAMA Network — Artículos de seguridad del paciente (julio–agosto de 2026)

Dos publicaciones recientes en la red JAMA abordan, desde ángulos complementarios, problemas centrales para la seguridad del paciente en el perioperatorio: la medición objetiva de complicaciones quirúrgicas y los sesgos cognitivos que distorsionan la revisión retrospectiva de los eventos adversos.

Identificación sistemática de complicaciones NSQIP mediante CIE-10 — JAMA Surgery, 12 de agosto de 2026

Kenneth Williams, Molly P. Jarman y su equipo del Center for Surgery and Public Health (Mass General Brigham) publicaron una carta de investigación que da solución a una laguna metodológica: hasta ahora, ningún estudio había validado una lista integral de códigos CIE-10 alineada simultáneamente con la CIE-9 y con las definiciones de las 18 complicaciones postoperatorias del National Surgical Quality Improvement Program (NSQIP), el estándar de referencia en la vigilancia de calidad quirúrgica en EE. UU. Los autores desarrollaron y validaron esta correspondencia comparando las distribuciones de características de los pacientes y de los grupos de procedimientos año a año.

La relevancia práctica es directa: NSQIP requiere personal dedicado a la revisión manual de historias, lo que limita su escalabilidad. Un mapeo CIE-10–NSQIP validado permite extraer indicadores de complicaciones postoperatorias comparables a partir de datos administrativos rutinarios (altas, reclamaciones), ampliando la vigilancia de calidad quirúrgica y perioperatoria a centros que no participan formalmente en el registro, y facilitando auditorías y comparaciones interinstitucionales sin la carga de la abstracción manual.

El sesgo retrospectivo (hindsight bias) en el diagnóstico — JAMA Oncology, 6 de agosto de 2026

En un artículo publicado en JAMA Oncology el 6 de agosto de 2026, Harry B. Burke analiza el fenómeno del sesgo retrospectivo (hindsight bias) en el ámbito del diagnóstico clínico. El autor cuestiona la tendencia a interpretar los diagnósticos no realizados o retrasados desde una perspectiva retrospectiva, asumiendo que la información que condujo finalmente al diagnóstico era igualmente evidente en el momento de la valoración inicial.

El razonamiento diagnóstico, sin embargo, se desarrolla en un contexto de incertidumbre y disponibilidad progresiva de información. Desde el primer contacto con el paciente, el clínico debe formular y actualizar hipótesis diagnósticas en función de la probabilidad pretest, los hallazgos clínicos y la información que se incorpora de forma sucesiva. Por tanto, la valoración de la adecuación de una decisión clínica debería realizarse considerando exclusivamente la información disponible en el momento en que dicha decisión fue adoptada, y no a partir del conocimiento posterior del diagnóstico y del desenlace.

Este fenómeno tiene especial relevancia en el análisis de eventos adversos y de posibles errores diagnósticos. El conocimiento del resultado final puede hacer que determinados signos o síntomas parezcan retrospectivamente más específicos o significativos de lo que realmente eran en el momento de la toma de decisiones. Esto puede conducir a una sobreestimación de la previsibilidad del evento y a una valoración excesivamente crítica de la actuación de los profesionales implicados.

Para los anestesiólogos, este fenómeno tiene una relevancia directa. Un estudio multicéntrico, aleatorizado y cruzado publicado en 2024 en Journal of Clinical Anesthesia (Millan et al.) evaluó el efecto del conocimiento previo del diagnóstico sobre el razonamiento clínico ante escenarios intraoperatorios de hipotensión e hipoxia. En escenarios clínicos idénticos, los profesionales de anestesia asignaron sistemáticamente una mayor probabilidad al diagnóstico correcto cuando este era conocido previamente que cuando debían establecer el diagnóstico sin disponer de dicha información. Estos resultados ponen de manifiesto cómo el conocimiento del desenlace puede modificar retrospectivamente la interpretación de la información clínica disponible.

Este sesgo debe considerarse, por tanto, en las revisiones de morbimortalidad y en los procesos de análisis de incidentes. La evaluación de una actuación clínica debería reconstruir, en la medida de lo posible, qué información estaba disponible, qué hipótesis diagnósticas eran plausibles y qué alternativas podían considerarse razonables en cada momento del proceso asistencial. El objetivo no debería ser determinar retrospectivamente qué diagnóstico era correcto, sino analizar si las decisiones adoptadas fueron razonables dadas las circunstancias y la información disponible en ese momento, e identificar oportunidades de mejora del sistema.

Finalmente, el sesgo retrospectivo puede contribuir también a la carga emocional experimentada por los profesionales tras un evento adverso. Cuando un diagnóstico o una complicación parecen evidentes una vez conocido el desenlace, puede generarse una percepción de fallo individual mayor que la que se justificaría considerando la incertidumbre existente en el momento de la toma de decisiones. Reconocer este sesgo resulta, por tanto, relevante no solo para garantizar un análisis más riguroso y justo de los eventos adversos, sino también para favorecer una cultura de aprendizaje y evitar interpretaciones retrospectivas que atribuyan al profesional una capacidad de anticipación que no era necesariamente posible en las circunstancias reales del caso.

Leídos en conjunto, ambos artículos apuntan a una misma prioridad: construir sistemas de medición y de revisión que sean rigurosos con los datos y honestos con la incertidumbre bajo la que se toman las decisiones clínicas reales.

El sesgo retrospectivo en el diagnóstico: juicio prospectivo frente a retrospectivo

Fuentes y enlaces

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